Horizonte calipso, donde el amarillo reinante se esconde, y un profundo azul se alza; Más oscuro que el océano, más vasto que un desierto.
El padre luminiscente y dador de vida por excelencia deja en calma marcha estas latitudes y las grandes luciérnagas se alzan en los cielos, un auxilio de luz oportuno a falta del dueño de casa, son los vecinos distantes que con sus grandes focos trazan el camino de la gran vecindad galáctica, son el aviso de un silencio avasallador, de ecos vacíos entre mares y montañas.
La familia se reúne en su hogar; El fuego chisporrotea y calienta mantas y platos, manos y corazónes. El perro afuera ladra; Extrañas sombras sin nombre susurran oscuridad y frío, y adentro, una anécdota curiosa reaviva el cariño y la cercanía, muro inquebrantable frente a las sombras que acechan entre cercas su oportunidad que no llegará.
Desapareciste oh venus, premio de consuelo antes que las tinieblas galopen al valle a forma de jinetes negros anunciadores de mitos escalofriantes y miedos acongojantes. Pero no todo es oscuridad, vacío y silencio, pues a buena hora los mensajeros llegan radiantes en el cielo, cruzando vecindades y barrios completos con su luz, como aquella que cruzó las doce casas y alumbró especialmente en scorpio; Son los anunciantes de la llegada inequívoca del alba, concededores de esperanza y prometedores de deseos; ¿Pero qué deseo has pedido tú?, pues te advierto que sólo la bondad y las buenas intenciones son correspondidas al amanecer, y si has pedido deseos de tenebrosa índole entonces te quedarás estancado en las fauces de la noche, y ningúna estrella te auxiliará, y no encontrarás casa alguna que en su fuego fraterno te acoja; Caerás en el pozo eterno de tu desdicha, cuyo fondo es el infierno mísmo y resonarás con las almas infelices que allí moran.
¿ Y qué os espera a ti, cuyo corazón subyace en los deseos más puros y desinteresados?
Para ti los cielos se abrirán rebosantes de alegría, y las casa celestes iluminarán tu camino, enviando a sus mensajeros más centelleantes a acompañarte en la espera de la merecida recompensa matutina, verás elevarse sobre ti la gran luna, cuya luz es fuente directa enviada del que pronto volverá y que al llegar los primeros rayos de su presencia te elevará con el por los cielos, en un eterno amanecer de dicha y vida.

